Hemos pasado en poco más de dos años de ser el país con el sistema financiero más fuerte del mundo mundial, ha tener que rescatarlo con el dinero público.
La realidad es que no estamos ni de lejos de solventar las deficiencias de un sistema que ha ido quebrando los ahorros e impuestos de los países, sino que además alarga de manera paulatina esa agonía que más tarde o temprano nos llevara a la quiebra del mismo.
La ecuación es básica, sino existe consumo y se incrementan los impuestos para sostener lo insostenible el resultado es netamente insolvente. Sumemos el drama del paro, la falta de una estructura de economía viable o de productividad y añadamos el problema demográfico.
Y es que de donde no hay no se puede sacar, aunque robando de aquí un poquito y otro poquito de los ahorros eliminamos la riqueza para crear nada.
Los papeles nos inundan pero no para salvarnos sino para ahogarnos definitivamente.
La realidad es que no estamos ni de lejos de solventar las deficiencias de un sistema que ha ido quebrando los ahorros e impuestos de los países, sino que además alarga de manera paulatina esa agonía que más tarde o temprano nos llevara a la quiebra del mismo.
La ecuación es básica, sino existe consumo y se incrementan los impuestos para sostener lo insostenible el resultado es netamente insolvente. Sumemos el drama del paro, la falta de una estructura de economía viable o de productividad y añadamos el problema demográfico.
Y es que de donde no hay no se puede sacar, aunque robando de aquí un poquito y otro poquito de los ahorros eliminamos la riqueza para crear nada.
Los papeles nos inundan pero no para salvarnos sino para ahogarnos definitivamente.
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