Los cauces de los ríos son como la economía.
Los analistas, economistas y demás profesionales que se
dedican a ella de forma directa intentan estudiarla para saber si el caudal que
lleva y su potabilidad es suficiente para llenar y abastecer la presa de la
oferta y demanda o se está secando,
aunque al final su propio ecosistema puede hacer que esta se desborde y tirar
por la borda todo estudio o análisis realizado al intervenir tantos cambios climáticos
y efectos que pueden sobrecalentarla o enfriarla.
Llevamos muchos años dependiendo de las depuradoras
centrales para poder seguir bebiendo de un agua contaminada de deuda y
apalancamientos fiduciarios y a su vez permitir que los causantes de esos
apalancamientos sigan sobreviviendo a costa de que esa depuración la paguemos
los ciudadanos y encima nos bebamos los residuos en forma de deuda país,
alargando tanto en intereses como en tiempo la distribución de esa miseria
financiera, eliminando con ello derechos, servicios y patrimonio, que a la
postre hacen desaparecer la clase media y el consumo de la misma.
A la postre nos queda observar como esos bancos centrales
son, exceptuando el caso particular de los EEUU donde la FED es un oligopolio
de banca privada y no publica, los que les prestan al 0 % nuestro dinero y nos
los devuelven al 8 para cobrarte por aquello que tu les distes gratis.
Gran negocio porque ni sufren riesgos y los avalistas son
los asalariados y pensionistas de cada país.
Llegados a esta situación solo cabe esperar que la sociedad
se defienda radicalizándose cada vez más, ya que esos que dicen trabajar para
los ciudadanos se han convertido en cómplices necesarios para llevar a cabo la
mayor estafa financiera de la historia.
No nos debe por la tanto extrañar que siendo conscientes de
este hecho tan aberrante para la dignidad se pierda todo tipo de democracia y
se tome la justicia por la mano de tanto inocente condenado a la miseria
eterna.
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