Dicen que la desgracia se ceba con los más débiles, pero
nada más lejos de la realidad.
La verdad es que la desgracia se ceba con aquellos que son
incapaces de cambiar lo que está mal, porque de esa desgracia depende el
sustento de los que mandan y fijan las reglas de un juego en el que siempre
perdemos.
O cambiamos o nos hacemos más desgraciados.
Como ejemplo valido de esto están los islandeses, que vieron
que existía un problema para ellos llamados bancos y políticos y se los
llevaron a dar una vueltecita por las cárceles.
El resultado de este amotinamiento ciudadano contra los que decían
ser los mandamases ha sido empezar a crecer y vivir como personas y no esclavos.
¿Por qué nosotros no somos capaces de hacerlo? ¿El futbol? ¿Tele 5?
¿Qué es lo que nos impide pensar en nuestro beneficio y
privar a los demás de aquello que no les pertenece?
No nos cuesta nada porque ya no hay nada que perder y sí
mucho que ganar.
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