Todo se gesto hace 38 años en aquella transición en la que
quedo todo atado y bien atado.
La democracia monárquica nos ha convertido con el transcurso
de los años en un país lleno de corruptos, si lo hace el jefe porque no lo
vamos hacer los demás, por lo que no sirve tan solo con podar el árbol, sino
que hay que sacarlo de raíz para poder regenerar todos los desmanes y despropósitos
que se han dado como nación. Mientras ellos se repartían por aquel entonces el país
en forma de porciones, como los quesitos, el resto del mundo llevaba una reestructuración
de unificación. Aquí hemos pasado de una a varias Españas y eso es lo que al
final nos descalifica y nos priva del respaldo de los mercados internacionales.
Urdangarin se ha convertido en el claro exponente de cómo cuando
uno llega a un lugar donde todo está corrupto termina por corromperse. En pocas
palabras, haz lo que vieres, y no perdió ni un minuto en sumarse al carro de la
corruptela monárquica y política, esa en la que todos somos perjudicados porque
a fin de cuentas el dinero sale del trabajo e impuestos de todos. Por desgracia
estamos encaminándonos hacia un nuevo enfrentamiento por territorios que por sí
solos carecen de fuerza y que en cambio dentro son como cortijos políticos y el
sostén de chupópteros del dinero público.
Lo que no suma resta y lo que resta
sobra.
Ya está bien.
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