Los ciudadanos, por medio de sus impuestos pasados, presentes
y futuros, se están convirtiendo de forma indirecta en inversores de cada una
de las bolsas del mundo, mediante la inyección de liquidez dada por los bancos
centrales, cosa que a su vez se traduce en un incremento del déficit, ya que es
dinero público el que se inyecta, y que permite a los causantes alimentarse
cual garrapatas de esa capital, hasta terminar por arruinar a todos. Su
objetivo principal.
Los mercados, se han convertido en algo así como la ruina de
los países por medio de esas inyecciones de dinero fiduciario, que permiten a
las entidades financieras y empresas compensar la falta de consumo domestico, permitiéndolas así mantener valoraciones que
son irreales, ya que las mismas no tiene capacidad de colocar los productos que
realizan, (no se vende nada) e incluso según transcurren los meses, se incrementa
esa presión por medio de impuestos que ahogan de forma irremediable cualquier
posibilidad de crecimiento, y aboca a las economías a una depresión como la del
29.
La desvergüenza es de tal calibre, que solo queda esperar
que los políticos en su error terminen por acabar con ellos mismos, ya que hacen
de la economía un caníbal que se alimenta de lo que ellos dicen defender, y que
realmente solo les permite mantenerse en una posición de privilegio, mientras
el pueblo pierde servicios y posibilidad de un futuro decente.
Es conveniente recordar que por encima de leyes y normas, están
los principios y la dignidad. Algo que no terminan de entender, por su necesidad
de creerse su propia mentira.
Todas las crisis generan cambios, y esta no va a ser menos. Estamos
a punto de cambiar lo que no ha funcionado o ha dejado de ser útil.
Lo que no suma resta, y lo que resta sobra.
Al final todo está en manos del pueblo soberano, es cuestión
de dejar de creer en los Reyes Magos y volver a perder la inocencia.