Han convertido la economía en un acto de fe, no de números como
hasta ahora, puesto que la situación ha degenerado de tal manera, que la
realidad que se oculta es tan inasumible por aquellos que gobiernan, que no
tienen ni el valor, ni la dignidad para decirlo.
Son conscientes de que la única manera de sostener esto es
mintiendo, a sabiendas que lo único que consiguen con ello es sobrevivir más
tiempo en sus sillones y poder disfrutar de sus privilegios.
Los ciudadanos necesitamos creernos esas mentiras para no
asumir que estamos en el abismo provocado por la avaricia del monstruo
fabricado en las entidades financieras, que hace que aquello que tiene valor no
valga nada, ahorros e inmuebles, y que por lo tanto la perdida no es
porcentual sino total.
Ahora ya no hay vuelta atrás, porque en su terquedad ha
permitido algo que es inasumible, como fabricar dinero de la nada para mantener
a entidades financieras quebradas, haciendo que ese dinero pase a engrosar en
forma de déficit las arcas de los estados por lo que la supervivencia de las
mismas hace insalvable a los propios países.
Al final el resumen de todo esto es la esclavitud laboral y económica
del pueblo mientras ellos disfrutan de un privilegio que es indigno por
principio para cualquiera.
Ya no podemos hacer
nada que no sea cargarnos aquello que nos hace pobres y que hace de nuestros
hijos, nietos y biznietos meros peones de su juego.
Podemos y debemos girar el tablero para comenzar de nuevo la
partida, eso sí quitando las piezas que sobran.
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