La utilización de los dineros públicos como medio de
supervivencia de la economía a costa de salvar entidades financieras privadas está
demostrando que no es la solución, sino que además está incrementando el
problema exponencialmente al capital fiduciario utilizado para esos rescates,
con el agravante de ser intermediarios del dinero que le prestan los países,
absurdo hasta decir basta porque si esos dineros los manejaran directamente los
países se evitaría las especulaciones que nos rodean por parte de los hedge
funds, que se posicionan en las entidades más débiles para provocar de ese modo
la intervención del país completamente y así enriquecerse por las dos vías pero
que se han hecho comunes, privada y pública,
ya que esa deuda es adquirida por los mismos que han provocado el problema.
Con esto lo que se demuestra es una absoluta
irresponsabilidad por parte de aquellos que dicen representar los derechos de
los ciudadanos y que condena a cada uno de ellos a ser de forma directa los
pagadores de los daños provocados por aquellos que son sus socios, un quid pro
quo propio de la necedad de los gobiernos y su incapacidad para terminar con la
soga que les ahoga y que va a provocar con el tiempo, cada vez menor, una serie
de altercados ciudadanos al ver estos que sus derechos, su trabajo y su dinero
en general esta dilapidándose junto con su futuro por los que son autores de
sus desgracias.
Están llegando al punto de no retorno, diría más, han
sobrepasado ese punto, y en la actualidad mal nos pese somos un país de
mendigos pidiendo por mantener algo que no nos pertenece pero que hace de los políticos
su pan, el puñetero euro.
Lo mejor a pesar de lo que implica es asumir la salida de
algo que nos provoca la eutanasia asistida sin darnos la posibilidad de ser
nosotros los que podamos de forma autónoma y soberana decidir sobre nuestro
futuro.
Yo quiero decidir dónde, cómo y cuándo.